Comer huevo ¿es saludable?

SALUD 28 de junio de 2019
Por su contenido de colesterol, muchos piensan que el huevo puede ser un gran enemigo de la salud. Otros lo reivindican como si fuera la salvación de los seres humanos (o casi). ¿Qué dice la ciencia?
huevos duros

Un huevo contiene, en su yema, aproximadamente 200mg de colesterol. Este dato es determinante para que muchas personas lo consideren un verdadero diablo en términos de alimentación: temen, por ejemplo, que el huevo sea responsable del incremento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Toda acción tiene su reacción, y otra gran porción de gente discute esta postura, argumentando que el huevo es necesario y beneficioso para el organismo. ¿En qué quedamos?

"En una época, sabíamos que el colesterol de los huevos provenía de la yema, y sabíamos que los altos niveles de LDL (colesterol malo) en la sangre incrementaban el riesgo de una enfermedad cardiovascular. Así que parecía lógico evitar consumir colesterol en nuestra dieta. Desde entonces, sin embargo, la ciencia demostró que la mayor parte del colesterol de nuestro cuerpo se produce en el hígado, no viene de los alimentos que comemos", explica el médico graduado en Harvard Anthony Komaroff. "La grasa saturada y las grasas trans son las que estimulan la producción de colesterol en el hígado, no el colesterol de la comida. Un huevo grande contiene muy poca grasa saturada y muchos nutrientes beneficiosos".

La Fundación Española del Corazón (FEC) secunda esta opinión. En palabras de su presidente, el Dr. Leandro Plaza: "Es cierto que el huevo contiene colesterol, pero es bajo en grasas saturadas. La hipercolesterolemia en un producto se valora según el balance entre las grasas saturadas y las insaturadas y el huevo contiene un 3,6% de ácidos grasos insaturados, un 1,6% de poliinsaturados y únicamente un 2,8% de grasa saturada, por lo que ésta prácticamente no afecta a los niveles de colesterol en sangre".

En el mismo artículo, la FEC cita dos estudios científicos que defienden al huevo. Por un lado, los resultados de la investigación "Egg consumption and risk of coronary heart disease and stroke", publicada en el British Medical Journal, dejan en evidencia que no hay una relación directa entre el consumo de un huevo al día y el riesgo de una cardiopatía. Por su parte, el estudio HELENA, elaborado por la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada, arroja que, tras controlar a 380 adolescentes, "no existe una asociación entre la ingesta de huevo y el perfil lipídico, la adiposidad, la resistencia a la insulina, la tensión arterial, la capacidad aeróbica o el índice de riesgo cardiovascular en los sujetos estudiados".

En la misma línea, Silvina Tasat, de la Sociedad Argentina de Nutrición, sostiene en una entrevista con el diario La Nación: "Hoy se sabe que el colesterol total circulante no tiene correlación estricta con el colesterol que ingerimos, sobre todo cuando los alimentos no son ricos en grasas saturadas, como es el caso del huevo. La medida ideal sería un huevo por día, sobre todo cuando el consumo de carnes sea reducido". 

Ok. Un huevo por día. Hasta ahí vamos bien. ¿Alguna otra indicación? El doctor Komaroff hace hincapié en la relación de los alimentos que ingerimos: "Por supuesto, importa mucho qué comés con tus huevos. La grasa saturada en la manteca, el queso, la panceta, las salchichas, los muffins o los scones, por ejemplo, aumentan el colesterol en sangre mucho más de lo que lo hace el colesterol de un huevo. Los 'carbohidratos malos' ultra procesados que están en las tostadas de pan blanco, las facturas o las papas fritas también pueden incrementar el riesgo de que tengas un problema cardíaco o un infarto". 

¿Entonces? ¿Hay que prohibir el huevo del brunch? Más o menos: según Tasat, lo ideal es acompañarlo con otros productos saludables, como legumbres (lentejas, porotos), arvejas, distintos tipos de vegetales y cereales integrales, además de evitar las frituras.

En conclusión: el huevo tiene colesterol, sí, pero no es una fuente peligrosa para el organismo porque casi no contiene grasas saturadas y trans, que representan el verdadero problema. Eso sí, tampoco es cuestión de hacer una egg party y consumir sin límites: se puede comer hasta uno por día (seis, siete por semana) y con guarniciones que no chorreen aceite, en la medida de lo posible. 

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