El día que el pueblo lloró por la muerte de Juan Domingo Perón

ACTUALIDAD 01 de julio de 2019
Cansado, el corazón de Juan Domingo Perón se detuvo para siempre el 1º de julio del convulsionado 1974. Tres veces presidente de la Nación, su figura ocupa un lugar de relevancia en la historia de nuestro país.
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El lunes 1º de julio no fue un día más del convulsionado 1974. A las 13.15, el tres veces presidente constitucional Juan Domingo Perón, fallecía víctima de la aguda dolencia que venía minando su salud desde su retorno definitivo a la Argentina para ejercer el gobierno de un país que se precipitaba hacia una de sus peores crisis políticas. En esa misma jornada, POPULARse publicó por primera vez.

Perón murió en la Quinta de Olivos y a una hora de su deceso su viuda María Estela Martínez de Perón anunciaba por cadena oficial de radiodifusión el final del octogenario general, quien había sucumbido ante un "brusco agravamiento" de su estado general, que derivó en un paro cardíaco.

"El presidente de los argentinos ha dado a su Patria y al continente latinoamericano la más grande expresión de grandeza y humanismo cristiano. Entregó su vida en holocausto a la libertad pacífica de los pueblos", expresó la entonces vicepresidente, rodeada del gabinete Ejecutivo nacional, al confirmar la noticia que iba a desatar las lágrimas del pueblo.

La salud de Perón lejos estaba de ser la mejor y distintas versiones indicaban que sus médicos personales le había sugerido no asumir la presidencia de la Nación, tras los comicios celebrados en setiembre de 1973 y en los que impuso la fórmula que integraba junto a su esposa.

Según la historia clínica, Perón padecía un cáncer de próstata por el que había sido intervenido quirúrgicamente a mediados de los 60. Y en los últimos años de su vida se le había detectado una pericarditis que complicaba seriamente a su corazón.

Pero esto no era todo: en 1972, previo a su primer retorno al país, sus médicos le diagnosticaron una angina de pecho. Esto fue lo que más minó la salud del general en el tramo final de su vida, tanto que los profesionales que lo asistían le explicaron que asumir la Presidencia implicaba una situación de serio riesgo.

Tal era lo complejo del cuadro que en la Quinta presidencial funcionaba una guardia médica permanente dispuesta a hacer frente a cualquier crisis que padeciera el presidente, a quien los doctores Pedro Cossio y Jorge Taiana le recomendaban limitar al máximo su actividad.

Aún con la salud en franco deterioro, Perón viajó a Asunción del Paraguay a entrevistarse con el dictador guaraní Adolfo Stroessner, periplo en el cual pasó frío y soportó una persistente llovizna que abrieron la puerta a un cuadro gripal que significó el principio del fin.

Una realidad estaba instalada en su entorno: la salud de Perón se apagaba gradualmente y por más que en la última semana de junio del 74 experimentó una mejoría importante, el "brusco agravamiento" del cuadro general del líder justicialista precipitó el desenlace del 1º de julio. A las 13.15, el creador de las "20 verdades justicialistas" recibió la extremaunción de parte del capellán del Regimiento de Granaderos, padre Héctor Ponzo. Minutos después, el corazón del general se detuvo para siempre.

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