Cómo murió Débora Pérez Volpin, según la querella

ACTUALIDAD 04 de agosto de 2019
Con un relato pormenorizado, el abogado de la familia de la periodista contó lo que ocurrió durante la operación que terminó con su vida.
Perez Volpin
Débora Perez Volpin.

El abogado Diego Pirota fue crudo en su última participación en el juicio por la muerte de Débora Perez Volpin. Y la dureza en el alegato estuvo justificada: quiso demostrarle a toda la sala cómo perdió la vida la conductora frente a los dos médicos que la operaron.

El endoscopista Diego Bialonlenkier (finalmente condenado a tres años de prisión en suspenso) y la anestesista Nélida Puente, absuelta del "homicidio culposo" de la periodista y legisladora, eran parte de la audiencia que escuchó atentamente el minuto a minuto.

Pirota activó un reloj digital que dio mayor dramatismo al relato de lo que ocurrió el 6 de febrero de 2018, a las cinco de la tarde, en el quirófano de La Trinidad, según la querella.

La narración comienza el día anterior, cuando la Dra. Mosqueda atiende a Débora en la guardia de La Trinidad cerca de las siete de la tarde. La médica observó que la conductora estaba lúcida, sin fiebre y estable, pero ordena su internación en terapia intermedia para hacerle más estudios. Le dieron analgésicos. Otro cirujano también notó el buen ánimo de la periodista.

Al otro día, el gastroenterólogo López Laplace indicó la endoscopia digestiva alta. Bialonlenkier fue informado sobre la operación. El endoscopista pasó antes por la habitación de la funcionaria y habló con ella. Le dijo que la vería más tarde en el quirófano.

Llegó la hora de la cirugía. La anestesista recibe a Débora a las 17. "Conversan, la ve bien. Hacen bromas sobre no lastimar la dentadura, le acomodó el pelo, le coloca el mordillo e induce la anestesia. Le pregunta si estuvo antes en el quirófano. La periodista responde que sí. No estaba nerviosa. ¿Por qué Débora iba a estar preocupada si ya le habían hecho estudios y no le había pasado nada?", alegó Pirota.

Luego, "le colocan el pulsómetro en el dedo pero nunca refirió que le pusiera el monitoreo cardíaco. El expediente nos dice que no la conectó y ningún testigo la vio conectada. A esa hora, la paciente ya está lista y la ponen de costado". A las 17.20 comenzó la operación.
Según la querella, el endoscopista ingresó hasta la segunda porción duodenal y, según su primer informe, a los cinco minutos se retira tras constatar un edema generalizado y sin lograr correcta visualización.

Un minuto después "se produjo la perforación y se desparramó por todo el cuerpo. Débora dejó de respirar y el corazón dejó de funcionar. Y los médicos no se dieron cuenta. Bialolenkier siguió con el procedimiento, fue el que perforó y nunca se dio cuenta. No se dio cuenta de que Débora se estaba muriendo. Y Puente tampoco se dio cuenta. ¿Por qué? Porque no estaba controlando a la paciente. ¿Y qué está haciendo? No sé. La anestesista estaba paveando. Siguió pasando el tiempo y no hicieron nada", dijo terminante el abogado.

A las 17.23, Débora se movió. Se le cayó el brazo hacia adelante. Para Pirotta se trató de "un acto reflejo que les avisó que se estaba muriendo". Dos minutos después, "la anestesista se dio cuenta de que se le salió el dedal. Al acercarse y tocar el cuerpo, se da cuenta de que el abdomen estaba duro y grande. Al destaparla, ven que Débora no está respirando. Acá ninguno de los dos lo alertó. Antes de ser especialistas, los dos son médicos y ninguno lo observó".

Pirota prende el cronómetro. 17.25. Paciente en paro respiratorio. No le hacen masajes cardíacos. "A ninguno de los médicos se le cayó una idea ni se la pudo ventilar. No era la única maniobra. Pierden un tiempo de oro. Y eso agravó el cuadro". El reloj marca cuatro minutos más. "Van nueve minutos que la paciente no respira. Los testigos dicen que la paciente tenía secreciones. ¿Qué es secreciones? Sangre negra, sangre sin oxígeno de una persona que hace nueve minutos y medio que no respira".

A las 17.30 la situación ya había desbordado a todos. Llaman a la cardióloga. Un minuto después entra Agustina Ramos. Toma el pulso y constata que está en paro. "Dice que hay que hacerle tareas de reanimación. '¿Ya, ahora?', pregunta Bialolenkier. Puente dijo que todavía trataba de ventilarla. Tampoco pudo. La cardióloga Ramos no hizo ninguna genialidad. Hizo lo que tenía que hacer. Bialolenkier estaba parado mirando".

Trece minutos más tarde, a las 17.43, "Débora lleva 23 minutos en paro cardiorrespiratorio. Llegan los terapistas que no reconocen si es hombre o mujer y piensan que es un paciente obeso. Puente todavía no pudo ventilar, no pudo entubar. Y había un cuerpo deforme. No se da cuenta de que no tiene que ingresar más aire y no sacar el que estaba". El cuadro se agravó.

A las 17.45, "Cintia Gazzano, una joven médica se sorprendió de tener que darle sugerencias a Puente diciendo que coloque una máscara laríngea. Pasaron 25 minutos. ¿Cómo no se le ocurrió a la especialista?", preguntó Pirotta. El tiempo seguía corriendo. "¿Puente pretende que creamos que logró ventilar a la paciente? Con la máscara laríngea, a 28 minutos del paro, logró enviar aire a los pulmones. Pero la paciente hacía mucho tiempo que estaba muerta. Demasiado tiempo había pasado".

Son las 17.56, "36 minutos del paro. Apareció Botto, un ángel que estaba dando vuelta por otro quirófano. Lástima que no lo llamaron a él antes. Botto en menos de cinco minutos logró la intubación que Puente no pudo, y no era ningún instrumento extravagante. Con otro equipo". Ya era tarde. A las 18.15 los médicos decretaron la muerte.

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