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¿Inmunidad colectiva?: La vacuna no alcanzará para detener la pandemia

Hay varios puntos en análisis de los especialistas: cómo distribuir y poner vacunas, qué medidas alternativas asumir si no son eficaces, qué ocurre si mucha gente no quiere vacunarse.

COVID-19 30 de septiembre de 2020
covid BA 40

La estimación, realizada para los Estados Unidos, prevé que hacia noviembre de 2021 la mayoría de los ciudadanos han recibido dos dosis de una vacuna que, con efectividad media, combate el COVID-19. Como la gente no ha dejado de llevar máscaras ni retomado las reuniones masivas, las cifras de transmisión del coronavirus se han mantenido bajas, luego de algunos brotes por el invierno boreal. Por fin, cada vez más personas desarrollan inmunidad tanto por la exposición natural como por la vacuna, y los tratamientos se perfeccionan. Así, de a poco, el SARS-CoV-2 se domestica y se repliega al grupo de enfermedades propias de la temporada de frío.

“Lograr controlar este virus demandará dos cosas: medidas de higiene y una vacuna. Y no se puede tener una sin la otra” dijo a Politico Paul Offit, director del Centro para la Educación sobre Vacunas y especialista en enfermedades infecciosas del Hospital de Niños de Filadelfia. Es uno de los expertos que el sitio consultó sobre el modo más probable en que la pandemia podría terminar.

Las cronologías que calculan los expertos varían, pero en general todas concuerdan en que el virus podría quedar bajo control hacia la segunda mitad de 2021, y que se podría volver a una suerte de normalidad pre-COVID-19 en el plazo de otros dos años. “He hablado de noviembre 2021”, arriesgó Zeke Emanuel, titular del departamento de Ética y Política Sanitaria de la Universidad de Pensilvania y ex asesor del gobierno de Barack Obama. “Creo que para entonces tendremos suficiente inmunidad colectiva en los Estados Unidos como para tener una declinación constante”.

Aunque el momento de alivio parece ubicarse en algún punto de 2021, dependerá de factores que se desconocen, como cuánta gente continuará utilizando barbijos y respetando la distancia social o cuándo estarán disponibles para toda la población las pruebas rápidas de COVID-19. Mucho dependerá también —recordó Politico— de la efectividad de las vacunas, la cantidad de personas que se podrían negar a recibirla y la cantidad que evitaría u olvidaría la segunda dosis en caso de que fuera necesaria.

Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, considera el elemento central respecto al brote global del SARS-CoV-2: cuánto durará la inmunidad colectiva. Si bien es posible lograrla, por las infecciones que ocurren naturalmente y por la vacuna, “la pregunta es cuánto tiempo podemos conservarla», argumentó. «Si llegamos, digamos, al 75% o al 80% de proyección inmune, ¿se mantendría así sin que hiciéramos alguna otra cosa más?”.

El futuro inmediato: antes de la vacuna

“Y entonces la gente va a decir, ‘Bueno, sabes, hace dos días fui a comer y todo estuvo bien. Puedo ir a esta reunión de unas 30 personas’. Y luego ‘Bueno, puedo ir a la reunión de 100 personas.’ Lamentablemente esto ya ocurre, y es un momento en los que los coronavirus son muy propensos a repuntar por la estación del año», agregó.

La clave sería lograr que la sociedad alcanzara algún grado de normalidad, como que se pudieran retomar las clases, aunque parcialmente y con medidas de seguridad, y que no se abandonara “el uso de máscaras ni la distancia social, que realmente funcionan», dijo Emily Landon, epidemióloga titular de la Universidad de Medicina de Chicago. Eso descarta, desde luego, las salidas a comer en el interior de un restaurante.

Mina conserva la esperanza de una tercera posibilidad: una prueba rápida de antígenos (sustancias que desencadenan la producción de anticuerpos en la etapa temprana de una infección), que acaba de aprobar la FDA, y que da resultados en minutos. Si se las produjera a escala masiva, como para que se pudieran realizar en los hogares, podrían ayudar mucho en las áreas de brotes. “La idea ser es que la gente los use no como pasaportes para ingresar a espacios atestados o hacer cosas que normalmente no haría, sino como un chequeo diario antes de hacer sus tareas rutinarias”, detalló el artículo.

El hallazgo de una vacuna segura y eficaz será el paso principal en el camino a la normalidad. En los Estados Unidos, los más adelantados en la carrera por lograrla son Moderna y Pfizer; en el mundo, también se suma AstraZeneca (con la Universidad de Oxford). Y todos ellos todavía incorporan participantes a sus ensayos clínicos de fase 3.

Además, no hay modo de controlar la velocidad a la que se desarrolla esta última etapa de las comprobaciones clínicas. “Depende de la frecuencia de la exposición al COVID-19 en un lugar, hasta qué punto una persona circula”, dio como ejemplo Emanuel. Por otra parte, como todos los estadounidenses, las personas que participan del ensayo deben mantener las precauciones para no infectarse.

Luego vendrá el problema —que es uno colosal— de hacer que la vacuna llegue a los 330 millones de habitantes del país. Las empresas farmacéuticas deben producir, distribuir y administrar el doble de las dosis, ya que las candidatas más avanzadas requieren inmunización inicial y luego un refuerzo. Krammer dijo que espera “un poquito de caos”.

El gobierno federal ordenó ya la producción anticipada de cientos de miles de dosis; no obstante, según los lineamientos del Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC), en caso de resultados positivos en los ensayos y aprobación final, solo estarán disponibles, por prioridad, para los trabajadores esenciales y las personas más vulnerables.

Tampoco se podrá contar con que la vacuna se puede dar en cualquier ámbito. La de Pfizer, por ejemplo, requiere un almacenamiento a -70ºC. “Ningún consultorio médico cuenta con -70ºC», dijo Emanuel. El CDC ha sugerido que los estados preparen hospitales y clínicas móviles para distribuir las dosis.

Por último, está el problema del volumen de la población. Aun suponiendo que la mayoría de las personas reciben la misma vacuna, la operación masiva que permita distribuir las dos dosis, con una diferencia de cuatro semanas entre sí, puede demorar hasta noviembre de 2021, predijo Emanuel, y requiere “buenas capacidades administrativas y buena logística”.

La vacuna ya llegó pero, ¿funciona?

«El objetivo es que la vacuna sea lo suficientemente efectiva y de distribución extendida como para que la población de los Estados Unidos logre el umbral de inmunidad colectiva: un punto en el cual, teóricamente, la gente se podría quitar las máscaras y asistir a grandes eventos deportivos. En el caso del COVID-19 un cálculo aproximado lo ubica entre el 60% y el 70% de la población.

Para Michael Kinch, investigador de nuevas drogas en la Universidad de Washington, en St. Louis, Missouri, es improbable que la primera generación de vacunas sea súper eficaz para prevenir la transmisión: “La probabilidad de que vayamos a batear un home run con el primer golpe es muy baja”. La FDA tiene una perspectiva similar: para dar su aprobación a una fórmula, hace falta que “prevenga o reduzca la severidad en al menos el 50% de las personas vacunadas”, lo cual significa que más del 50% de la población seguirá transmitiendo la enfermedad.

Además, si la vacuna tiene efectos secundarios como un poco de fiebre y un estado gripal, ¿cuántas personas querrán regresar a darse la segunda dosis?, planteó Emanuel: “Lo que me preocupa es que tengamos mucha gente que solo quede parcialmente inmunizada, con la primera dosis”, dijo a Politico.

Por último, está también el problema de la diversidad geográfica de los territorios a inmunizar. Solo en los Estados Unidos no es igual la cobertura que se puede tener en Boston, que cuenta con una industria médica muy robusta, y por eso puede tener tasas de vacunación altas, que estados como Idaho o Colorado, donde se dan las menores tasas de cobertura contra, por ejemplo, el sarampión.

No obstante, vacunar es mejor que no hacerlo: “Incluso si no logramos la inmunidad colectiva, cuanto más cerca estemos, más lentamente se diseminará el virus”, agregó Krammer. Pero, advirtió Frieden, en ese escenario “aunque tengamos la vacuna, seguiremos sin estrecharnos las manos y con máscaras en la cara”.

En el mundo, lentamente

Los expertos propusieron que quizá sería posible que los Estados Unidos logren “una situación como la que tienen China o Taiwán, donde todavía podríamos tener pequeños brotes limitados aquí y allá, pero la mayoría de nosotros puede regresar al grueso de nuestras actividades”, ponderó Cobey. Pero aun si eso se lograra en abril de 2021, todavía sería necesario seguir vigilando la pandemia “en el espejo retrovisor”.

En el plano internacional, el proceso será más largo. Una coalición mundial, de la que participan la fundación para la vacunación GAVI, el Centro de Preparación para Epidemias y la Organización Mundial de la Salud (OMS) tienen el objetivo de adquirir y distribuir 2.000 millones de vacunas a las poblaciones más vulnerables del mundo en 2021. Sin embargo, Oxfam advirtió que el 61% de la población global no accederá a una dosis hasta al menos 2022. Y los países desarrollados, que representan el 13% de la población global, han reservado ya la mitad de la provisión de las principales candidatas a vacunas. 

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